Fabiola alzó la mirada y lanzó una ojeada a Benedicto, quien estaba en el sofá viendo su tableta.
Luego, echó otro vistazo al bosquejo del diseño que había lanzado la organización.
—Fuiste tú... —dijo Fabiola levantándose.
Benedicto, al oír el movimiento, levantó los párpados: —¿Qué pasa?
—¿Fuiste tú quien envió las pruebas a los organizadores durante la noche? —la voz de Fabiola se ahogó, algo se elevaba dentro de ella.
—Sí.
Fabiola sentía un torbellino de emociones en su corazón.
—Y esos docum