Fabiola, después de asearse, bajó a preparar el desayuno.
Cuando puso los platos en la mesa, aún estaba pensando cómo preguntarle a Benedicto sobre el significado de su comentario de no querer ser amigos, pero al levantar la vista y verlo, olvidó todo.
Él había cambiado a ropa casual, perdiendo el aire de ejecutivo de siempre, pero ganando un toque más cotidiano.
—¿Qué comerás?
Benedicto tiró de la silla para sentarse.
Fabiola rápidamente apartó la mirada, su corazón latiendo fuertemente como si