Epílogo.
Yo había atendido a humanos heridos durante la guerra y aquello era llanamente una carnicería, así que siempre me había considerado lista para enfrentar cualquier emergencia médica que se me pudiera presentar.
En cuanto el primero de los osos llegó quise llorar.
No porque no pudiera atenderlo, sino porque al mirar a sus ojos fue como ver a alguien que había mil días en el infierno y que solo seguía moviéndose por inercia.
No solo eso, sino que apenas y tenía energía para abrir los ojos aquél pe