Después de que Francine salió como un huracán, dejando un rastro de indignación y miradas curiosas en el vestíbulo del centro comercial, Dorian permaneció donde estaba unos instantes, como si absorbiera el impacto de la tormenta que él mismo había provocado.
Ajustó el cuello de la camisa con calma y soltó un largo suspiro antes de volver al salón del desfile.
Allí, saludó a los organizadores con la naturalidad de quien está en el centro de su propio imperio.
— El evento fue un éxito — elogió, e