82. HACER LO CORRECTO
Alma
—No puedo creerlo ¿Acaso esa mujer no tiene límites para tanta maldad?
—Me encantaría decirte que sí, pero sería una mentira.
—Y respecto a Claudio, ¿mi madre pudo convencerlo de hablar?
—Sí, por eso se entregó voluntariamente.
Unos días antes de la boda cuando Francisca y Mariela estuvieron más ocupadas con los preparativos después del viaje (ya que ambas fueron con mi padre, Manuel y yo haciéndonos cargo de todas las diligencias sobre los terrenos, deudas y demás), le pedí a mi padr