47. OTRAS MANOS, OTRO CALOR
Las horas siguieron su curso y con ello el alcohol junto a los bailarines quienes iban saliendo en diversos números. Los billetes volaban por donde se viera, la felicidad de las cuatro parecía no acabar y las charlas se iban poniendo cada vez más picantes.
—De saber que esto era lo que necesitabas, habríamos venido hace mucho —dijo Sarah, quien ya tenía varios tragos en la cabeza.
—Ni siquiera sabía que lo necesitaba —respondió Mariana.
—¿Y qué pasó con la universidad? ¿Acaso no te divertist