31. Nunca te he odiado
Nicklaus
Me despierto con un dolor sordo en todo el cuerpo, pero es la vibración en mi pecho lo que realmente me alerta. Abro los ojos, sintiendo la energía pulsando, como si una corriente invisible me conectara a Penelope.
La habitación está sumida en un silencio expectante, interrumpido solo por el suave murmullo de su respiración.
—Peaches... —murmuro, mi voz ronca y débil. No es solo el dolor físico, es algo más profundo, algo que late con fuerza dentro de mí.
Penelope está sentada junto a