Mundo de ficçãoIniciar sessão"Três irmãs. Três joias. Um legado manchado de sangue... e uma promessa de vingança." Ruby, Safira e Jade Lucchese nasceram para comandar a máfia italiana, moldadas pelo próprio rei do inferno, como seu pai era chamado, para serem implacáveis. Mas o destino virou contra elas quando seus pais morreram em um acidente de avião, um acidente que, para as trigêmeas, cheira a traição. Determinadas a descobrir quem, dentro da máfia, os matou, elas iniciam uma caçada implacável. No entanto, o testamento de seu pai traz uma reviravolta inesperada: para manter o império intacto, uma delas deverá se casar com Nicolai Petrov, o herdeiro da máfia russa. Um homem tão perigoso quanto elas. Um homem que pode ser aliado... ou inimigo. Quem delas vai ser a noiva? Enquanto o inferno se instala na terra elas tentam proteger o único que merece seu amor—seu irmão mais novo Ônix —e eliminar os traidores, sendo assim as irmãs se veem presas em um jogo onde cada movimento pode ser fatal. A pergunta agora não é só quem matou seus pais, mas sim quem sairá vivo dessa guerra.
Ler maisBella
Odiaba discutir con él.
Odiaba la forma en la que sus ojos me miraban decepcionados, pero, sobre todo, me odiaba a mí misma por habernos arrastrado a esta situación de no retorno.
Era plenamente consciente de mis acciones, y por eso supe que tuve que haberme detenido. Tuve incluso que haber dejado la botella de whisky dentro del minibar del comedor y no sorber de ella. Tuve que haber dejado las maldit4s pastillas hace cuatro meses y no haberme convertido en una jodida adicta a ellas.
Pero desde que había desarrollado ese estúpido insomnio no había sido capaz de detenerme. Si cerraba los ojos, la obscuridad me absorbía de un solo bocado.
Ninguno de los que estaban en aquella mesa tenían si quiera una puta idea de cómo se sentía querer dormir y no poder hacerlo porque las sombras te consumían.
No tenían si quiera la mínima idea de lo que se sentía depender de unos jodidos fármacos para poder conciliar el sueño tres putas horas.
No más.
No menos.
. . .
Gia
El silencio se extendió incluso mucho antes desde que Isabella decidiera retar a Sebastian con la mirada y beber de su copa con una arrogancia que solo podía quedarle bien a un Ferragni.
Todo había cambiado de un modo casi irreversible. Lo que suponía y prometía un futuro diferente, ahora nos empujaba a preguntarnos como habíamos llegado a este punto de no saber que hacer.
Isabella se fragmentaba y no había nada que ninguno de nosotros pudiese hacer al respecto. No si ella insistía en poner en medio ese muro impenetrable que la alejaba de la gente que la quería.
Todos estábamos para ella, solo necesitaba darse cuenta.
—No deberías seguir bebiendo... —la voz de Sebastian no tardo en llenar aquel aterrador silencio.
Isabella esbozo una sonrisa cínica y un tanto desafiante. Termino por llevarse la copa a los labios y tragar el contenido en un solo sorbo.
—Estoy sedienta, ¿me sirves otro trago?
—Te he dicho que pares.
Se miraron fijamente el uno a la otra. Ella insolente. El exasperado.
—Y yo he dicho que estoy sedienta. —espeto, desafiante.
—No sigas con esa actitud, Isabella...
— ¿O qué? —cogió la botella de la mesa y se sirvió otra copa.
Todo pintaba a que su objetivo era beber hasta perder el raciocinio. No era la primera vez que lo hacía. Si quiera la segunda.
— ¡Basta! —Grito Sebastian, dando un fuerte golpe contra la mesa antes de incorporarse — ¡si quieres destruirte a ti misma, hazlo... pero no nos arrastres a nosotros contigo! ¡No nos obligues a mirar cómo te destruyes! ¡No te lo permito!
Ahogue un jadeo que por poco estuvo a punto de convertirse en un llanto débil y desgarrado.
Mire a Isabella con preocupación, pero mi sorpresa fue encontrarme con un muro de concreto y unos ojos marrones que brillaban bajo la luz de una luna plateada. Entraba vigorosa por la ventana y daba un aspecto un poco más inquietante al salón.
De repente, me abordo un impulso desesperante por correr hasta ella y estrecharla entre mis brazos. Me daba igual que lo aceptara o no, solo quería que ella supiera que era completamente valido llorar y romperse.
Pero entendí que para Isabella Ferragni esa no era ninguna de sus opciones y se incorporó lanzando la copa contra el piso. El cristal se hizo un montón de añicos desparramados por el piso dejándonos estupefactos a un metro de ella.
Advertí el desastre. Incluso la desolación en su corazón y en el del hombre que sabía también estaba sufriendo con ella.
La Ferragni se acercó a Sebastian con una firmeza que si quiera parecía coherente debido al estado en el que se encontraba. Se detuvo a un intimidante palmo de su rostro antes de decir:
— ¿Es eso lo que quieres? —susurro bajito, pero lo suficientemente alto como para que todos allí alcanzáramos a escucharle —. Bien. Es lo que jodidamente voy a darte.
Sebastian mantuvo una entereza que amenazaba con romperse en cualquier momento. Levanto la mirada hacia ella.
—Te has cargado tu sola a la gente que te quiere —mascullo hiriente antes de que ella decidiera abandonar el salón convertida en pasto de sus propios demonios.
Intente ir a por ella, pero Carlo lo impidió entrelazando su mano a la mía.
. . .
Bella
—Dame las llaves del auto
—Isabella... —murmuro Rigo, negándose.
— ¡Que me des las putas llaves del auto!
Si quiera espere que terminara de ofrecérmelas cuando se las arrebate de las manos y salte dentro del Bentley. Baje la ventanilla.
—Ni se te ocurra seguirme. —advertí antes de encender el motor
. . .
El bar de pomezia era un hervidero de gente. Música alta, luces de colores y cuerpos sudados en medio de la pista de baile.
A la Isabella de hace seis meses no le gustaban esta clase de lugares.
Seis meses...
Si, ese era el tiempo que había pasado desde que la mafia había amenazado con aniquilarnos en aquel bunker, y lo que parecía haber sido quemado en el pasado, ahora las cenizas era un recordatorio constante de que la mafia no te da sin antes quitarte.
La Isabella de ahora si quiera se reconocía con la cría de diecinueve años a la que su propio padre decidió tratar como peón.
— ¿Qué te ofrezco? —pregunto el camarero al otro lado de la barra.
—Lo más fuerte que tengas —respondí por encima del ruido de la música.
—Yo tengo algo más fuerte que eso.
El rumor de una voz que heló mí nuca y erizo la piel de mis brazos.
Ladee la cabeza porque su portados estaba sentado a mi lado. Era alto, lo suficientemente como para tener que mirarle desde unos pocos centímetros más abajo. Ojos marrones y cejas gruesas. El cuello tatuado con un corazón y un puñal clavado a la mitad y por el cual se enrollaba una serpiente.
También percibí un tatuaje en inglés en el filo de su hombro.
« Flesh and blood »
Volví a sus ojos. Terriblemente verdes.
—Puede incluso hacerte olvidar... —continuo mientras yo seguía inspeccionándole a detalle.
Tenía un acento extraño. Era italiano, pero con una mezcla un tanto extranjera.
— ¿De qué hablas? —inquirí finalmente.
—Eso que tienes. Ese dolor, esa ira, ese miedo... —describió cada una de mis emociones como si fuese el quien las viviera —. Puedo hacer que pare.
Mentiría si dijera que la idea de desprenderme de cada uno de mis sentimientos no resulto tentadora.
Trague saliva.
— ¿Cómo?
De repente, oteo a su alrededor y saco del bolsillo de su chaqueta una bolsita transparente con un par de pastillas dentro.
— ¿Qué es?
—Ketamina —sonrió —, o como yo le digo, «el puto paraíso de los caídos»
Me humedecí los labios y volví la vista al frente.
—No consumo drogas.
—No lo son —aseguro —, al contrario, se sienten como caramelos y gozan de un poder que te harán respirar sin sentir dolor. Se esfumará tan pronto como lo pruebes.
«Sé esfumara tan pronto como lo pruebes...»
Tendría que haberle ignorado. Tendría que haber escuchado a mis instintos y no a mi poco raciocinio.
Pero no lo hice
Las acepte y se las arranque de las manos.
—Vendrás por más... —su voz se tornó un poco densa cuando empecé a alejarme.
. . .
Bajo aquella revitalizante sensación que había provocado la ketamina en mi sistema, empujé la puerta del bar y salí a la calle sintiendo como la brisa golpeaba más fría y fuerte de lo normal.
De alguna extraña manera me encanto experimentar esa clase de síntoma. El cuerpo liviano y unas ganas terribles de reír que me hacían sentir poderosa.
Tenía todos los sentidos disparados. La nieve se sentía como una ligera cortina blanca y el olor a humedad era casi tan palpable como el alcohol y el humo a cigarro.
Me arrastre a la carretera. Era plenamente consciente de los autos y el peligro, pero no me importo, si quiera sentí miedo. La noche se antojaba en calma y serena por encima del rumor de los cláxones.
Nada parecía doler.
Todo era perfecto.
Me sentía en absoluto y completo dominio de mis propias emociones.
Era la primera vez en seis meses.
Sonreí.
Y lo hice como no lo había hecho en todo este tiempo...
También cerré los ojos. Y de repente, cuando los abrí, el resplandor amarillo de unos faroles casi se me vino encima.
— ¡Isabella! —alguien grito y me arrastro fuera de la carretera.
El corazón me palpito sin frenos y el aire se me quedo atascado en los pulmones.
Rigo me apoyo en su pecho y me permitió llorar desconsolada porque una parte de mí se arrepentía de lo que había hecho.
—Estás bien... —susurro contra mi cabeza —. Estás bien, niña.
Pero no lo estaba, y supe que, a partir de ahora, difícilmente conseguiría estarlo.
Había cruzado una línea peligrosa.
Una a la que la mafia me había arrastrado y yo no era lo suficientemente fuerte como para huir de ella.
La mafia absorbía tu luz sin piedad. Y de la mía, ya no quedaba nada.
Me entregue a la obscuridad.
. . .
Era plenamente consciente del flujo de aire que se colaba por las ventanas del auto. Hacia frio y me titiritaban los labios, pero escuche a Rigo decir que era lo mejor para disuadir el efecto de la ketamina.
Otee las calleas mientras la madrugada se abría obscura y solemne.
Las calles desérticas.
Copos de nieve que se convertían en charcos de agua cuando tocaban el suelo.
Cuando volví la vista al frente, descubrí que Rigo me miraba a través del espejo retrovisor. Una parte de él estaba decepcionada, la otra si quiera era descifrable.
Evité el contacto porque no era capaz aguantar el peso de sus ojos y me hundí en el asiento trasero del auto hasta que llegamos a la mansión.
El portón eléctrico se abrió para nosotros y uno de los guardias compartió un asentimiento de cabeza con Rigo antes de permitirnos el acceso.
Sebastian y algunos de sus hombres esperaban en el primer peldaño de las escalinatas. Tenía las manos metidas dentro de los bolsillos de su pantalón y la mandíbula tiesa como una roca.
Sus ojos azules habían sido reemplazados por un tono más obscuro y la rabia protagonizaba el modo con el que me observaba.
Paso de mí a Rigo en un pestañeo. A su jefe de seguridad no le quedó más remedio que explicar lo que había sucedido.
—Encuéntralo. —ordeno con un tono de voz sereno pero que guardaba una rabia iracunda por todos lados. Volvió a mirarme — Tú y yo tendremos una conversación cuando esa porquería haya salido de tu sistema.
—Como diga, señor capo.
Entre a la casa sabiendo que su mirada me arañaría la espalda.
No tuve que haberme detenido al final de las escaleras y cometer el error de observarle. Una mirada errática, violenta. Los brazos tersos y la mandíbula ligeramente inclinada hacia arriba.
Tenía tantas ganas de gritar, y lo hizo.
Fue un clamor que incluso retumbo en las paredes de la mansión y me arrancó un estremecimiento.
Capítulo 72Ruby LuccheseTer meu pai de volta na minha vida é como presenciar um milagre. Um sopro de magia no meio do caos. Meses intensos se passaram enquanto ele recuperava a saúde, longe dos olhares do mundo, em segredo. Esperamos o momento certo. Preservamos detalhes, silêncios, verdades dolorosas até que o tempo dissesse: é agora.O reencontro entre nós três foi como alinhar o universo. Emocionante. A parte mais difícil? Contar a verdade sobre Ônix. Contrariando tudo o que Emma sempre me disse, meu pai não virou o rosto. Ele me acolheu. Com a mesma força e ternura que teria me acolhido anos atrás, as somente agora eu sei disso...Hoje é o marco de um novo começo, mais um entre tantos que a vida nos impôs nesse último ano, quase dois anos... Hoje, ele vai se apresentar ao Conselho. Vai tomar de volta o trono que sempre lhe pertenceu. E com isso, eu e minhas irmãs poderemos, finalmente, seguir nossas vidas. Livres. Don Giuseppe Lucchese voltará a ser o homem que nunca deveria ter
Capítulo 71Giuseppe LuccheseMeses se passaram desde aquela noite em que fui levado de volta para a mansão pelas mãos daquela linda jovem, as duas jovens que diziam ser minhas filhas. Jade e Ruby. Aos poucos, fui reconstruindo minha identidade. Fragmentos da minha vida voltavam como ondas, primeiro leves, depois mais intensas, como se cada pedaço do meu passado estivesse escondido em algum lugar dentro de mim, esperando apenas o momento certo para despertar.O tratamento ajudou. Médicos, especialistas em trauma e memória, psicólogos, tudo foi feito com o máximo de sigilo. As meninas mantiveram tudo em segredo. Apenas Jack, e os seguranças mais confiáveis e os médicos sabiam da minha presença.Passei noites inteiras encarando o teto, tentando me lembrar dos rostos que me surgiam em flashes: uma mulher chorando, uma menina rindo em um jardim, alguns tiros, um bebê menino. Às vezes, acordava gritando, outras em silêncio, com o peito pesado. Mas minhas filhas estavam ali. Ruby, firme, co
Capítulo 70 Jade LuccheseAinda parecia um sonho estranho, daqueles que a gente acorda com o coração acelerado e sem saber se está feliz ou em pânico... Meu pai estava vivo. Depois de tanto tempo, tantas lágrimas, tantas noites jurando que sentia sua presença, ele estava ali. Em carne, osso... e muita confusão.Ele não se lembrava de mim.Não se lembrava de Ruby, nem de Safira.Não se lembrava da sua vida,nem de seu cargo.Do nosso mundo, da máfia, da nossa casa, enfim de nada...E mesmo assim, cada gesto dele, cada olhar curioso que ele lançava para mim fazia meu coração bater mais rápido. Porque meu pai podia ter perdido a memória, mas a essência dele ainda estava ali. O homem forte, silencioso, intenso... o Don que moldou nossas vidas e nos ensinou a ser ferro antes de ser flor, ele estava ali, ele estava comigo.Jack dirigia com os olhos atentos na estrada, mas dava para ver que ele estava tão abalado quanto eu. O carro parecia pequeno demais para comportar toda aquela tensão. M
Capítulo 69 Capo Jack ManciniAs negociações com os croatas nunca foram simples. Cada palavra precisava ser medida, o tom de voz mantido sob controle, os olhares sempre firmes. Lembro que Don Giuseppe fazia questão de lidar pessoalmente com eles. Ele gostava do desafio. Mas agora… não temos mais essa opção.No mundo da máfia, qualquer hesitação é vista como fraqueza. E fraqueza, nesse universo, pode custar vidas.Mas nada, absolutamente nada, nesse dia me preparou para o que estava prestes a acontecer.Estávamos finalizando o acordo sobre o carregamento de granadas quando, ao sair do galpão, fui até os fundos fumar um cigarro e limpar a mente antes da parte burocrática. Foi então que o vi.Um homem sujo, carregando caixas pesadas para dentro de um caminhão. Até aí, nada incomum. Era habitual que chefes usassem pessoas vulneráveis, pobres e desesperadas para esse tipo de trabalho. Mas havia algo nele… algo que capturou minha atenção de forma visceral.A barba desgrenhada cobria metade
Capítulo 68Jade LuccheseEu odeio... odeio essa posição que a vida na máfia nos dá: ser juíza e executora. Mas, neste caso... neste caso, eu escolho ser as duas.Ela merece sofrer. Merece sentir dor. Muita dor.Ver ela gritar foi uma melodia harmoniosa para os meus ouvidos.Aplicar a injeção letal, sentir os últimos suspiros escapando dela... me fez bem. Muito bem.Fiquei um bom tempo observando sua cabeça caída para frente, seus olhos ainda abertos. Nos olhos dela, dava para ver toda a dor que passou... Mas agora, ela nunca mais verá a nossa dor.Nunca mais causará traumas em ninguém.Nunca mais vai machucar alguém que eu amo!Ruby beijou minha testa antes de entrar para cuidar dos filhos.Foi como se eu tivesse adivinhado que precisava vir, vim de surpresa. Cheguei minutos antes da ligação da minha... da Emma, e consegui estar ao lado da Ruby nesse momento.Se não fosse por isso, ela teria enfrentado tudo sozinha... de novo.Mikail e Joana só chegam na próxima semana, mas eu... eu
Capítulo 67 Ruby LuccheseEstar com Pérola nos braços me trouxe alívio até certo ponto. Ela está segura agora, mas o que me espera em casa é algo que, por muito tempo, achei que não teria coragem de fazer. Hoje, porém, Emma ultrapassou todos os limites possíveis. Algo imperdoável. E, diante de toda a bagagem, de todo o mal que causou... ela merece a morte. E não uma morte rápida, mas lenta, dolorosa. Como qualquer inimigo ousaria receber de mim.Assim que entrei em casa, Eleanor e Emiliana estavam me esperando, ansiosas, com Ônix ao lado, pronto para conhecer a irmã, sem nem imaginar tudo que enfrentamos para trazê-la de volta, salva, para casa.Entreguei Pérola a elas como se fosse um tesouro. Pedi que dessem banho nela, enquanto eu fazia o mesmo. Ia amamentar minha filha e ir até a sala de pedra. Não queria essa mulher aqui, nem mesmo amarrada.Os pais que compraram Pérola eram tão vítimas quanto nós da maldade de Emma. Deixei-os ir, mas mantive alguns homens os vigiando. É sempre





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