Punto de vista de Aidan
Llegamos a la mansión a las dos de la mañana, bajamos todos cansados, sin ganas, la casa se sentía rara, grande, fría, Sienna se fue directo a la habitación de Leo, lo arropó, y se quedó dormida con él abrazado a su dinosaurio.
A la mañana siguiente, mi suegra y la señora Greyson bajaron a la cocina, las encontré tomando café, en silencio, y me senté con ellas.
—¿Qué les pasa? —pregunté.
—Ay, mijo, es que la señora Marta, la del pueblo, me había prometido enseñarme a tej