Punto de vista de Aidan
No lo pensé, me lancé al mar por ella, Sienna no sabía nadar, eso lo sabía todo el mundo.
—¡SIENNA! —grité, metiéndome más.
Arriba, en el yate, escuché los gritos de Leo, que lloraba desesperado, los de Claret que gritaba el nombre de Sienna, y los de Tasha, que gritaba más fuerte que todos, aunque sabía que ella fingía.
Me sumergí, el agua estaba turbia, oscura, no se veía nada, sentía que el pecho se me apretaba, no por el agua, sino por el miedo de no llegar a tiempo.