El amanecer encontró a Marjorie en el porche de la casa grande, su teléfono pegado a la oreja y una expresión de frustración en su rostro.
— Por última vez, Blake, no voy a vender el rancho —dijo, con voz tensa— No me importa cuánto ofrezca Johnson.
Tony, que salía de los establos, se detuvo al escuchar la conversación, se acercó sigilosamente, tratando de no interrumpir.
— No, no entiendes... —continuó Marjorie— este lugar es más que solo una propiedad, es... —se detuvo, notando a Tony— te lla