El sol apenas asomaba por el horizonte cuando Tony y Pancho salieron en la vieja camioneta, listos para comenzar su misión de convencer a los rancheros vecinos.
— Bueno, compadre —dijo Tony, ajustándose el sombrero— espero que hayas traído tu encanto, porque vamos a necesitarlo más que un cactus necesita agua en agosto.
Pancho rió, sacudiendo la cabeza.
— Tony, si dependemos de mi encanto, estamos más fritos que una tortilla en el desierto, tú eres el del carisma aquí.
— Bah —Tony hizo un gesto