El "Paraíso de Lola" se había convertido en el hogar adoptivo de Tony, cada noche, el vaquero texano subía al escenario y enloquecía al público con sus movimientos sensuales y su encanto sureño.
Una noche, después de una actuación particularmente exitosa, Tony se sentó en la barra, contando sus propinas, Lola se acercó, con una sonrisa de oreja a oreja.
—Cariño, eres puro fuego en ese escenario, estás atrayendo más clientela que una rebaja de Black Friday.
Tony sonrió, pero su mirada era trist