Por la mañana, Tony salió al porche, la conversación con Marjorie de la noche anterior aún resonaba en su cabeza como un eco persistente.
— Buenos días, vaquero —la voz de Marjorie lo sorprendió— parece que ninguno de los dos pudo dormir mucho.
Tony se giró para verla, notando las ojeras bajo sus ojos.
— Princesa, tienes un aspecto tan fresco como una lechuga en el desierto. ¿Problemas para conciliar el sueño?
Marjorie soltó una risa cansada.
— Algo así, supongo que revelar secretos y enfrentar