La mañana llegó al Rancho Blackwell con el canto de los gallos y el mugido de las vacas. Tony se despertó con una sonrisa de oreja a oreja, recordando los eventos de la noche anterior.
Se estiró como un gato perezoso y saltó de la cama con más energía que un potro recién nacido.
— Hoy va a ser un día más dulce que la miel de abeja en primavera —murmuró para sí mismo mientras se vestía.
Salió de su habitación, silbando una tonada country, en la cocina, encontró a Marjorie preparando el desayuno