Narrado por Liam Donovan
El cristal reforzado de mi oficina en el piso 40 de la Torre Blackwood me ofrecía una vista privilegiada de Londres: un laberinto de luces que se extendía hasta el horizonte, pero para mí no era más que una pecera de lujo, un entorno controlado donde el oxígeno se sentía reciclado. Llevaba exactamente treinta días sumergido en un océano de códigos de seguridad, logística