Más tarde, después de cenar y tomar chocolate caliente, lo pasaron fenomenal bañando a Lucas con agua tibia, el niño que estaba encantado con que fueran a vivir los cuatro juntos. Cuando lo acostaron en su habitación de invitados, agarró la mano de Daniela y le preguntó.
—¿Juan va a ser mi papá para siempre? —preguntó con ansiedad.
—Para siempre —le aseguró Juan Carlos, con el corazón encogido—. Ya no vas a librarte de mí.
—No quiero librarme de ti —dijo Lucas solemne—. Yo quiero que seas