Su voz sonó tranquila; la ira de Daniela no lo afectó, tenía total confianza en sí mismo. Sabía que era suya. Solo tenía que dejar que se desahogara, después la besaría, la convencería, la haría admitir que lo amaba.
—¡Sí, ¿claro?! ¡Porque yo soy adivina!, ¿Cómo iba a suponer que Gabriela se haría pasar por mí? Yo no tenía idea de que mi mamá la tenía al tanto de nuestra relación.
—¿Cómo es eso?
—Mi mamá siempre ha deseado que Gabriela, yo nos reconciliemos y cuando mi hermana mostró interés