Mientras escapo y doblo la esquina de mi habitación, me topo con Carl. Me atrapa antes de que me tropiece y, de repente, se me rompe el maldito corazón. Empiezo a gemir y a llorar, incapaz de contener mi dolor por más tiempo.
Me lleva hasta la puerta y me hace entrar rápidamente, sentándome en una silla y arrodillándose a mi lado. Toma mis manos entre las suyas y me deja sacar todo; toda mi frustración, mi ira, mi tristeza. Lo suelto directamente en el pañuelo que me entrega.
—¿Señorita Ra