Moira y Rowena tienen expresiones de miedo y yo les sonrío tranquilizadoramente.
—Así es. Mucho mangoneo y grito por su parte. Y mucho yo sacándolo de quicio —les digo con un guiño. Ahora ambas parecen sorprendidas por mi actitud despreocupada.
—¡Raven, no soy un hombre paciente! ¡Sal de aquí! —anuncia Alaric.
—Vengan, dejen que las presente —invito, a pesar de sus miradas recelosas hacia la puerta principal. Me siguen a regañadientes para ver a un furioso Alfa al pie de su porche.
—