Caprichosa y malcriada.
Arthur Orlov.
—¿Jefe, está bien?
Oscar me ve como si fuera un fantasma. Tuve que apartar el teléfono de mi oreja cuando la rebelde mujer gritó, y él escuchó su reclamo. Seguro que nunca ha visto o escuchado que alguien me hable de esa forma sin que termine muerto. Pero en cambio, le he dicho: “un ‘pero’ más y serás castigada, Gia”. Así que ahora tendré a mi secretario maquinando cosas.
—¿Falta mucho para que llegue el representante? —murmuro, ignorando su pregunta y controlando mi respiración.