Los días habían comenzado a fluir con una extraña mezcla de rutina y nostalgia en la Mansión Rossi. El luto seguía presente, como una sombra suave que se extendía por los pasillos, pero la vida, implacable y silenciosa, insistía en continuar.
En la empresa, Francesco retomaba su rol con firmeza, aunque sus ojos seguían cargando la ausencia de Leonardo. Vinicio, meticuloso como siempre, analizaba las rutas financieras vinculadas a las propiedades que Rebeca había manejado desde Madrid y Sicilia.