Era poco más de las cuatro de la mañana cuando Charly y Carter ayudaron a Alessa y Chiara a regresar a la mansión después de la larga noche en el club. Las chicas estaban tambaleantes y visiblemente afectadas por la bebida. Al llegar, las dejaron en sus respectivas habitaciones y se despidieron con un suspiro de alivio antes de dirigirse a sus propias camas.
El amanecer en la mansión trajo consigo una brisa fresca que se colaba por las ventanas abiertas, llenando el aire con el aroma del rocío