Aitana e Iván siguieron a Ezequiel hacia la casa, sintiendo el peso de la tensión en cada paso. El lugar era más grande de lo que parecía desde afuera. La decoración era una mezcla extraña entre lujo y decadencia: muebles de cuero caro, alfombras orientales gastadas, botellas de licor desparramadas en las mesas.
Ezequiel se dejó caer en un sillón de piel y cruzó las piernas con la actitud de un rey en su trono.
—Bien, hablemos de negocios —dijo, sirviéndose un trago.
Antes de que Iván pudiera r