Punto de vista de Laila
Mi teléfono vibra con otro mensaje del remitente:
«Mira afuera».
Me da un vuelco el corazón.
Aprieto el teléfono con más fuerza, con los nudillos pálidos y la respiración entrecortada. El pasillo se siente demasiado silencioso, demasiado quieto, como si el aire mismo estuviera esperando lo que está por venir.
Trago saliva con fuerza y me dirijo a la ventana. Me tiemblan los dedos al apartar la cortina.
Al principio, no veo nada. Solo las tenues farolas proyectando largas sombras sobre la tranquila calle. Entonces… un movimiento. Justo cerca de la esquina del edificio. Una figura… De hombros anchos y postura familiar.
¿Andrés?
Lo reconozco por la nuca incluso en la oscuridad. Conozco su forma de caminar. Conozco su postura como mi propia respiración.
Se inclina hacia alguien… alguien más pequeño, con el pelo largo cayéndole por la espalda. Su silueta se inclina hacia él como si compartieran un momento íntimo. Un secreto.
Siento un nudo en el estómago.
“No… no, n