Punto de vista de Laila
Mi teléfono vibra con otro mensaje del remitente:
«Mira afuera».
Me da un vuelco el corazón.
Aprieto el teléfono con más fuerza, con los nudillos pálidos y la respiración entrecortada. El pasillo se siente demasiado silencioso, demasiado quieto, como si el aire mismo estuviera esperando lo que está por venir.
Trago saliva con fuerza y me dirijo a la ventana. Me tiemblan los dedos al apartar la cortina.
Al principio, no veo nada. Solo las tenues farolas proyectando largas