Capítulo 16. Ojos de turmalina paraíba
Marco estaba sentado cómodamente en una elegante mesa, dentro de un comedor que Ámbar no conocía. Estaba tenuemente iluminado, y el ambiente era mucho más íntimo, y romántico, aunque para nada cargado. Seguía el código de sobriedad de toda la mansión, lo que parecía el sello inconfundible del gran Marco Rizzo.
-Ámbar, qué bueno que viniste. Toma asiento a mi lado.
Los ojos dorados de Marco brillaban increíblemente. Otra vez parecía un ave de presa que podría comérsela de un bocado. Y esa sensac