Toyun corre. No se detiene. Aunque el aire le queme los pulmones, no puede permitirse perder ni un segundo. Al menos, los años de entrenamiento para cantar en vivo parecían estar dándole una última ventaja. Como un espejismo distinguió el número de la puerta. Llegó jadeando. Buscó entre los pasajeros. Una fila. Otra. Nada. Clara no estaba. «¡No puede ser!», piensa. En medio de su desespero, logra ir hacia el mostrador y le pregunta a una de las empleadas de la aerolínea:
—¿El vuelo no ha salido