—Por favor no la lastimes.— ese pequeño puñado de palabras hicieron que mi lobo frenara inmediatamente su furia, había estado cegado por un momento, estaba a punto de salir y destrozar la pequeña hiena que estaba intentando esconderse, no huyó como los adultos que debían protegerla, no estaba seguro sí era una de las hijas de los perpetradores del secuestro de mi compañera, pero si no fuera por la clemencia de mi compañera esta chica estuviera hecha pedazos por mi furia fuera de control. la chi