Vladimir Sokolov
Llegué a casa y no vi a Sarah, ella siempre estaba por aquí. Fui en busca de ella y cuando quise abrir, la puerta estaba cerrada. Eso sí, me pareció raro, ella nunca cierra con llave.
Di dos toques en la puerta y lo que escucho, me desgarra el alma.
—¡Déjame en paz! Déjame, por favor. — suplicó entre llanto y coraje.
—Sarah, soy yo. — respondí desde la puerta. Escucho la puerta abrirse, me abrazó con tanta fuerza, como si yo fuese su salvavidas.