A Leevanna le gusta pintar.
O al menos le han dicho que es buena en eso.
Era miércoles, casi las nueve de la mañana, y su lienzo seguía intacto. Lo miraba fijamente, el espacio negro de su mente se apoderaba de ella. Y no puede hacer nada al respecto.
No sabe qué hacer.
Ella tiene muchos sentimientos en este momento, sentimientos encontrados.
Todos a su alrededor estaban pintando, riendo y charlando.
Había mucho ruido.
—Oye.
Hay una voz.
Pero no puede salir.
Hay mucho blanco a su alrededor.
—Er