Capítulo 24

Punto de vista de Rafe

La puerta de la celda se abrió. Entraron dos matones; ahora conocía sus rostros: el grande con la cicatriz en el labio. El pequeño, que no hablaba, solo observaba con ojos vacíos y sin vida.

"¡Levántate!", ordenó Rafe.

Me dolía el cuerpo al moverme; tenía las costillas rotas y el ojo derecho hinchado, cerrado. Me puse de rodillas y me apoyé

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