El crujido del parquet al caminar y el olor a pintura fresca todavía anunciaban que el departamento era un lienzo en blanco. Sin embargo, las luces cálidas de la sala y las pocas cajas desempacadas le daban ese refugio perfecto que Rebeca y Roberto habían soñado desde sus días en la universidad.
Esa tarde, Beto había regresado de su viaje de negocios. En cuanto la puerta se abrió, los ocho días de distancia se disolvieron en un abrazo largo y sofocante en el recibidor, de esos donde las maletas