La mujer, que no mostraba ni un atisbo de incomodidad, se levantó de inmediato. Sus movimientos eran fluidos, elegantes, y con una gracia que solo una mujer acostumbrada a ser admirada podría tener.
Mientras Simone se alejaba, Reinhardt no desvió la vista de Jordan ni un solo segundo, como si quisiera dejar en claro que su presencia allí no solo era inoportuna, sino completamente irrelevante.
—Esto es intolerable, campesino. Es la segunda vez que irrumpes en mi oficina de esta manera. ¿Qué te c