C254: Su libertad.
Había transcurrido cerca de una semana desde aquella noche. Reinhardt no era un hombre que creyera en el descanso o en la redención, pero incluso él sabía que había cosas que debían desaparecer para siempre.
Por eso, cuando todo terminó, cuando el último disparo dejó de resonar en las paredes subterráneas de aquel infierno, tomó una decisión definitiva: esa casa debía arder. No debía quedar rastro alguno del horror que allí se había consumado.
Ordenó a sus hombres que lo prepararan todo. Rociar