Un zumbido sordo fue lo primero que Jordan percibió, incluso antes de abrir los ojos. Todo su cuerpo se sentía pesado, como si una fuerza invisible lo mantuviera anclado al colchón. Lentamente, muy lentamente, logró entreabrir los párpados, solo para ser cegada por una luz intensa que la obligó a cerrarlos de nuevo.
El dolor le atravesó la cabeza como una ráfaga, punzante y persistente. Una sensación de mareo la envolvió y sus propios párpados parecían pesar una tonelada. Con esfuerzo, llevó un