Crescent
Me quedé allí en la sala del trono, con el brazo de Vann apretado alrededor de mi cintura, su beso aún ardía en mis labios. Los vítores resonaban en mis oídos, fuertes y salvajes, pero mi mente seguía volviendo a Danish. Su rostro estaba retorcido: rojo, furioso, confundido todo a la vez. Parecía que alguien le había dado un puñetazo en el estómago y no sabía si devolver el golpe o huir.
Siempre había pensado que Danish era el joven del consejo. El callado. El inocente. Sonrisas educa