Vann:
El veredicto ni siquiera había sido pronunciado aún, y ya el consejo la había sentenciado en sus mentes. Podía olerlo en el aire: miedo disfrazado de rectitud, ambición vestida de justicia. Querían a mi compañera. Querían arrancar a Crescent de mi lado y arrojarla a los Siete Reinos como si fuera basura desechada. Como si yo fuera a permitirlo. Como si algo en esta existencia maldita pudiera obligarme a dejarla ir.
¡Nunca!
Atrancé las puertas de nuestra ala privada en cuanto regresamos de