Crescent Knight
El cielo estaba pálido esa mañana mientras yo permanecía en el centro del cementerio de la manada Fang, vestida completamente de blanco de pies a cabeza. Mis manos estaban entrelazadas frente a mí, como si ese simple gesto pudiera impedir que me temblaran hasta deshacerme por completo. Habían pasado tres días desde que llegamos: tres días llenos de preparativos, de tradiciones antiguas, de miradas que me seguían a todas partes. Tres días en los que los lobos de la manada me observaban como si fuera tanto un milagro como una maldición. Pfft.
Hoy, mi tía por fin sería sepultada.
La ceremonia era grandiosa, mucho más imponente de lo que mi tía y yo jamás habríamos imaginado o pedido. Filas interminables de lobos se alineaban en silencio, rindiendo respeto a la mujer que muchos de ellos habían conocido en vida. Para otros, en cambio, no era más que un miembro lejano de la manada, alguien cuyo nombre apenas recordaban. Sin embargo, allí estaban todos, hombro con hombro, baj