Estoy sentado junto con Carlos en la sala de espera, esperando que termine la cirugía del trasplante de pulmón. No quisiera aceptar esto, pero si no hubiera sido por el contacto del maldito de Fernando, no habría sido posible conseguir ese pulmón.
Después de varias horas, me empiezo a desesperar, así que me levanto de golpe.
—Voy a entrar —digo mientras intento abrir la puerta, pero soy detenido por Carlos.
—Cálmate, Luciano. Tenemos que esperar; no hay más que hacer.
—Llevan horas ahí metidos y