CAPÍTULO 35. Un invierno en la oscuridad
Connor se miró al espejo. Tenía las cuencas de los ojos hundidas, el cabello un poco largo y la barba descuidada. Aún así decidió no afeitarse, solo la recortó lo suficiente para no parecer un indigente. Se vistió con ropa informal y salió del edificio, metiéndose en la locura del tráfico matutino.
Miró aquel pequeño papel donde Jacob le había escrito la dirección del cementerio donde estaba enterrada Baby, y respiró hondo porque fuerza no era precisamente algo que le sobrara en ese momento. Ll