Cierro los puños con fuerza. Gabriel tiene razón. Es peligroso, aunque mi fuerza basta para poder protegerla.
—La protegeré —afirmé decidido.
—Yo te ayudaré —negué varias veces.
—No quiero ni necesito tu ayuda. Yo solo puedo encargarme de proteger a Gabriella, ella no depende de tu ayuda.
—No insistas Azrael, ella es mi hija y la ayudaré —se cruzó de brazos.
—No empieces con ese tema. No tengo ganas de discutir nuevamente contigo sobre eso. Pero te diré algo antes de irme —le di la esp