93 - Voy a matar a ese hijo de puta.
La tensión en la sala neonatal era palpable. La luz brillante de los fluorescentes iluminaba el rostro de los recién nacidos, mientras las enfermeras se movían rápidamente entre las incubadoras, atendiendo a los pequeños con esmero. Anaís, en un rincón, observaba con una mezcla de amor y preocupación. Su pequeña estaba en una de esas incubadoras, y no podía evitar sentir que todo lo que había vivido hasta ahora se desvanecía en un susurro de felicidad.
Sin embargo, el ambiente cambió drásticame