57 - Testosteronas en enfrentamiento.
El motor del coche de Ernesto rugió al detenerse frente al hospital. La puerta se abrió de golpe, y con Anaís en brazos, Ernesto saltó del vehículo como si llevase un tesoro frágil.
— ¡Necesitamos ayuda! — gritó, atrayendo la atención de todos los presentes en la entrada —. Urgente. Mi prometida está herida.
Jorge, quien había estado al volante de otro vehículo, llegó tras él, bajó del coche, cerrando de un golpe la puerta.
— ¿Es necesario este drama? — masculló mientras avanzaba hacia ellos. A