52 - El plan macabro de Lucrecia.
La abuela Guerrero ajustó el abrigo sobre sus hombros mientras bajaba del coche frente a la mansión. El viento frío de la noche agitó los árboles circundantes, llenando el ambiente de un crujido que se mezclaba con su mal humor. Al llegar a la entrada, frunció el ceño al ver que todo estaba a oscuras.
— ¿Quién demonios se olvidó de prender las luces? — masculló, rebuscando las llaves en su cartera.
La falta de iluminación no era común. La casa siempre brillaba como un faro en la colina, llena de