31 - Es el Lobo Blanco.
Más tarde, salían de la clínica. La herida de Anaís había sido limpiada y vendada, y los médicos habían confirmado que Anaís no había sufrido daños mayores, aunque le recomendaron reposo, especialmente por el embarazo riesgoso que cargaba en este momento. Ernesto, sin embargo, mantenía una expresión severa, su rostro era un libro cerrado que nadie podía leer.
A pesar de ello, no soltaba la mano de Anaís. Sus dedos entrelazados con los de ella eran el único gesto que revelaba su vulnerabilidad.