Mundo ficciónIniciar sesiónEn el mismo segundo en que Severen cruzó las puertas de la casa de su familia, sus padres se le echaron encima.
Renata se llevó una mano a la boca al verlo. Los pantalones le estaban rígidos de tierra y ceniza, el pelo era un nudo enmarañado, los ojos opacos y vacíos como los de un muerto. El hollín negro del hoyo de quemar le manchaba las mejillas, se le había metido bajo las uñas, se había incrustado en la tela de la camisa: casi se había tirado de cabeza dentro antes, y se notaba.






