Capítulo 50.2

Se confirmó. La pequeña y estúpida esperanza de haber oído mal, de que la sangre en su ropa fuera de otra persona, se hizo añicos.

—Quédate aquí, ¿sí? Iré a ver qué tan grave es…

—Quiero verlo. —La voz de Grasya ya no temblaba. Había un brillo afilado e inquebrantable en sus ojos.

—Pero…

—Aunque intentes detenerme, encontraré la forma de bajar. Helios dijo que ahora puedo salir de la habitación cuando quiera. Si quiero bajar ahora mismo, puedo hacerlo.

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