Sus dientes rechinaron y un dolor agudo le atravesó el pecho, tan profundo que le cortó la respiración.
—¡Sev! ¿Estás sordo? —estalló Riva, sacándolo de sus pensamientos.
Él se sobresaltó y sus ojos volaron hacia ella.
—Cariño, ¿podemos hablar con calma, por favor?
—¿Cómo voy a estar calmada si prácticamente babeas por volver con tu ex? ¡Quieres volver con ella, ¿verdad?! —Su voz destilaba acusación.
Él se levantó y le dio la espalda. Discutir ahora solo le provocaría una migraña.
—Ah, ¿a