En el instante en que Severen pronunció su nombre, Grasya leyó la tormenta de emociones crudas en su rostro: incredulidad, rabia y algo más que no lograba ocultar.
—Grasya —dijo él—, ¿dónde se metieron tú y tu padre?
Ella notó la tensión en sus hombros, la línea dura de su mandíbula.
—Vaya, hicieron un excelente trabajo desapareciendo —intervino Riva, con la voz cargada de desprecio—. Demasiado cobardes para dar la cara después de todo lo que les dimos los Marwell.
Grasya giró la mirada con