—¡Oye Carlo! — escucharon la apresurada voz de uno de sus compañeros en el lugar—…ven un momento…—
Giovanni sonrió al deshacer el beso y la notó tensa por la presencia de otras personas en el lugar, soltó su mano, pero ella, sin darse cuenta, la mantuvo en su endurecida masculinidad.
—Si la mueves, podría ser más estimulante…— sugirió el rubio mostrando una perversa diversión mientras se pegaba más a ella… él seguía sobre sus labios… y el reducido espacio se llenaba de vapor.
—¿Eh? — Regina